Por qué los colores impresos son diferentes a los colores en pantalla
Volver a inicio
Lo ves perfecto en pantalla, pero al imprimir, algo no cuadra. Ese cambio de color no es casual y tiene varias razones detrás. Entenderlas marca la diferencia entre un resultado mediocre y uno que realmente funciona. Sigue leyendo para descubrir por qué los colores impresos son diferentes a los colores en pantalla.
Por qué los colores impresos se ven diferentes a los de la pantalla
Cuando diseñas algo en tu ordenador, eliges los colores con cuidado y todo se ve perfecto. Sin embargo, luego imprimes y pasa lo de siempre, tonos más apagados, cambios raros o incluso colores que parecen otros. Es justo ahí cuando mucha gente se pregunta cómo hacer que la impresión coincida con la pantalla, por qué los colores impresos se ven diferentes, por qué cambia el color al imprimir o “por qué mi impresora cambia los colores”. Y claro, no es casualidad ni mala suerte, tiene una explicación bastante clara.
Para empezar, hay que asumir una cosa básica que suele pasarse por alto, y es que la pantalla no funciona igual que el papel. Y esto, aunque suene simple, es la raíz de casi todo el problema.
Colores RGB vs CMYK
Para empezar, es importante entender que la pantalla trabaja con un sistema llamado RGB, que mezcla luz roja, verde y azul para generar colores muy vivos. En cambio, el papel usa CMYK, que funciona con tinta. Por lo tanto, esto ya cambia completamente el resultado, así de simple.
Como la pantalla emite luz, los colores se ven más brillantes, mientras que el papel lo único que hace es reflejar esa luz, así que pierde intensidad. Por eso, cuando alguien ve diferencia entre el color pantalla en pantalla e impresión, en realidad está notando este contraste. Y claro, es normal que choque bastante.
Además, hay colores que directamente no se pueden reproducir igual, como algunos tonos muy saturados en pantalla que no tienen equivalente en impresión. Por ejemplo, pasa lo típico de que el rojo se imprime más apagado o el azul cambia de tono, algo que es muy común de encontrar.
También entra en juego el papel, ya que no es lo mismo un papel mate que uno brillante. En este sentido, uno absorbe más tinta y el otro refleja más luz, lo que hace que el mismo diseño cambie sin tocar nada más. De ahí que no sea solo la impresora, sino que hay más factores de los que parece.
Errores comunes que hacen que el color cambie al imprimir
Hasta ahora hemos visto la parte técnica, pero luego están los fallos que hacen que todo empeore. Aun así, aquí sí hay margen de mejora, por suerte. Sin ir más lejos, uno de los más habituales es diseñar en RGB y luego imprimir sin convertir a CMYK. El problema viene cuando el programa hace la conversión por su cuenta y no siempre acierta. Es en ese punto donde empiezan los cambios raros.
Otra cosa que mucha gente no usa son los perfiles de color. Estos sirven para que pantalla e impresora interpreten los colores de forma parecida. Sin eso, cada dispositivo va a su bola, y claro, luego llegan las sorpresas.
Por otro lado, está el tema del monitor, que si no está bien ajustado, lo que se ve no es real. De modo que se parte de una base equivocada desde el principio. Luego, al imprimir, el resultado no cuadra, como es lógico.
Otro error muy típico es no hacer pruebas antes de imprimir en cantidad. Esto pasa más de lo que parece, ya que se manda todo a imprimir sin revisar, y luego vienen los problemas. ¡Un clásico!
Para terminar, está la configuración de la impresora, que muchas veces se deja en automático o está mal ajustada. El problema es que elegir mal el tipo de papel o no ajustar la gestión de color afecta más de lo que parece y, cuando ves el resultado, no queda otra que volver atrás y revisar toda la configuración.
Cómo hacer que los colores impresos se parezcan más a los de la pantalla
Llegados a este punto, conviene aclarar que no se puede conseguir una coincidencia perfecta, pero sí acercarse bastante si se hacen las cosas bien. Y aquí es donde está lo interesante. Lo primero es trabajar en CMYK si sabes que vas a imprimir. De esta manera, te ahorras conversiones raras después. Y lo mejor de todo es que es un cambio sencillo, pero se nota mucho.
En esa misma línea, luego está la calibración del monitor. La clave aquí es que no hace falta volverse loco, pero ajustar bien los colores ayuda a que lo que ves tenga sentido. De lo contrario, estás diseñando a ciegas.
Siguiendo con esto, también es recomendable usar perfiles de color ICC. Lo cierto es que no es algo complicado y marca la diferencia. Al final, gracias a eso, los dispositivos hablan el mismo idioma, por decirlo de alguna forma.
A esto hay que sumarle que usar buen papel y buenas tintas también suma. No hace milagros, pero sí mejora el resultado. Y cuando todo esto se junta, el cambio se nota mucho más de lo que parece.
Si necesitas imprimir material publicitario, no dudes en visitar nuestra web. ¡Disponemos de una gran variedad de productos! Además, revisaremos tus archivos para evitar errores y resolveremos todas tus dudas.
